
Detrás de las cámaras de la televisión nacional, donde las luces y las sonrisas parecen constantes, existen historias de vida que se forjan con sudor, sacrificio y una fe inquebrantable.
Ese es el caso de la periodista Minerva Rojas, una mujer que, antes de ser el rostro que hoy acompaña a los ticos con notas de entretenimiento en De boca en boca, fue una niña que comerciaba naranjas en las mejengas de Puriscal, revendió culantro y, un poco más grande, trabajó largas noches como salonera. Todo para alcanzar un sueño que parecía lejano.
En entrevista con La Nación, Minerva habló como pocas veces se le ve en pantalla y sobre temas que los televidentes no siempre ven. Nos contó sobre su camino de siete años para graduarse como periodista, los retos de ser madre soltera mientras estudiaba y trabajaba, y el papel fundamental de su abuela, cuyo legado de perfección y esfuerzo la acompaña en cada programa.
Hoy, en una etapa de plenitud, celebrando cinco años en canal 7 y a la espera de su segundo hijo, relata cómo la paciencia y la mano de Dios transformaron un “imposible” en su realidad cotidiana.
Una infancia y adolescencia marcadas por el trabajo
Minerva no oculta su sonrisa, tiene claro que el esfuerzo de ayer es el reflejo de lo que tiene hoy, aunque confiesa que el sacrificio que hizo desde sus nueve años fue muy grande. Ella pasaba la mayoría del tiempo con su abuela, ya que su madre trabajaba mucho y aportaba el único ingreso en su hogar. La figura paterna, como ella misma dice, “nunca llegó”.
Rojas, desde muy pequeña, vio entonces la necesidad de aportar en su hogar y de asumir la responsabilidad al ser la mayor de cuatro hermanos.
“Yo me acuerdo que en la casa de mi abuela había árboles de naranja; entonces yo bajaba las naranjas, las pelaba, las enfriaba y, cuando había mejenga en la plaza, iba a venderlas. Iba solita, en el centro, en un barrio que se llama barrio Corazón de María”, recuerda la comunicadora, quien ya conocía a los mejengueros del barrio, sus compradores.
Algunos días invertía el dinero que ganaba en rifas o iba al mercado a comprar culantro, cuyos rollos revendía.
“Conforme fui creciendo vi que había la necesidad de pagar estudios, pero en la casa no había las posibilidades. Entonces tocaba salir a trabajar”, explicó.

En el colegio nada cambió. Una Minerva llena de sueños y con un amor muy grande por su familia continuó luchando, sobre todo porque ella estudió en un colegio técnico, por lo que había requerimentos especiales.
“En cuarto del colegio la situación fue siendo más complicada, porque ya había que comprar libros un poco más caros y un uniforme distinto cuando iba a llegar a sexto. Entonces decidí empezar a trabajar como salonera en un bar restaurante”, contó.
Ese empleo, en el que estuvo incluso los fines de semana, le ayudó a costear el final de su colegio. Pronto, la mirada de Minerva se posó en el periodismo.
Finalmente Minerva ingresó a la universidad, pero “no alcanzaba (el dinero) para el bloque completo”. Así que, durante siete años, luchó por sacar su título en medio de su trabajo, primero en el bar restaurante y luego sacándole provecho a su título en técnico medio en secretariado, ya que laboró en el Hospital Metropolitano como secretaria.
A la mitad de su vida universitaria todo cambió. Con 25 años y aún con sus sueños inconclusos, llegó su primer hijo, Alejandro, quien se convirtió en impulso cuando el cansancio la tentaba con querer renunciar a todo, o cuando el dolor se asomaba al ver a sus compañeros avanzar en la carrera.
“Fue el motor que me hacía falta para cuando yo me sentía estancada o frustrada, porque no había logrado salir. Además, no quería que él viviera una infancia como la que yo viví. Fue una infancia linda, pero fue una infancia con preocupaciones; de que había que trabajar y de que había limitaciones”, explicó.
Nada la detuvo, ni llevar a su hijo en brazos a clases, ni estar despierta de 4 a. m. a 10 p. m. Mientras hacía la práctica profesional en Teletica, continuaba trabajando en el hospital, hacía viajes de cuatro horas desde y rumbo a Puriscal, en un tiempo en el que incluso veía poco a su hijo.
Hoy tiene 35 años y fue hasta los 28, en medio de duras pruebas, que la vida y Dios le mostraron el camino que tenía trazado.
Teletica se convirtió en casa para Minerva

En canal 7 Minerva tuvo su primera experiencia en periodismo, pero cuando una mínima posibilidad de quedarse en Teletica salió a la luz, la pandemia por la covid-19 se trajo abajo esos planes.
Durante tres años más siguió en el hospital, pero algo le decía que pronto volvería. Incluso, en la capilla de Teletica, en su último día de práctica, le dijo a Dios que, si era para ella, la dejara regresar a vivir el sueño que en aquel entonces “era un imposible”.
“Me volvieron a contactar del canal y me preguntaron si quería volver. Yo les dije que sí... Cuando regresé fija, yo entré como asistente de periodismo. En noviembre se cumplen cinco años y lo primero que hice, ¿sabe qué fue?, pues ir a la capilla a darle gracias a Dios por dejarme volver", recordó.
El sentimiento de recordar viene acompañado de lágrimas, ya que aquel día no solo agradeció, sino que también recordó a la mujer que un día creyó en ella: su abuela, quien la crió y que lamentablemente falleció hace 11 años.
“Cuando empecé a estudiar, yo recuerdo que ella me decía: ‘Ojalá que la pueda ver en televisión’. No alcanzó a verme, porque claramente hace 10 años la situación era otra totalmente, pero hoy por hoy yo la siento todos los días en mi corazón”, afirmó.
Rojas describe a su abuela como la mujer que le enseñó todo lo que sabe: el valor del esfuerzo, el trabajo y la perfección. Y aunque la recuerda como una mujer exigente, fue una de las primeras en creer en ella.
“Desde que ella murió mi vida cambió. Yo creo que las abuelitas deberían ser eternas, y más si tienen un rol maternal tan fuerte como el de ella. Acá tengo un anillito que ella me dejó cuando murió y, si te fijas, en la mayoría de los programas donde he presentado siempre lo ando puesto. Para mí es una forma de sentirla y de honrarla”, dijo con gran orgullo.
Rojas reafirma que vive el sueño que siempre quiso; y asegura con agradecimiento que el canal le ha permitido “mantener a su hijo y crecer profesionalmente”.
Un nuevo amor: su segundo hijo

Minerva ahora vive una etapa muy diferente; está felizmente enamorada de su novio, Bryan Cordero, con quien ahora espera a su segundo hijo, el cual ya es muy esperado entre las señoras que ven De boca en boca y sus compañeros.
El anuncio de su embarazo se hizo una transmisión en vivo en el espacio de Teletica y, con cinco meses de embarazo, narró a La Nación cómo ha sido este tiempo.
—¿Cómo ha sentido los achaques?
—Me ha dado mucho sueño y mucho cansancio. Yo generalmente soy de presión baja, me he tenido que cuidar mucho de no estar en lugares con mucha gente, ya que el calor o la aglomeración me pueden bajonear. Tengo un temilla también con la hemoglobina; me estoy cuidando para que no se baje porque está en el límite.
—Tiene diez años de diferencia entre cada embarazo...
—Ha sido muy distinto mal de mi otro hijo, porque yo tenía 25 años cuando lo tuve y ahora tengo 35. Siento la distribución de la energía distinta, la respiración, la movilidad... todo va cambiando. Trato de cuidarme; estoy haciendo ejercicio y salgo a caminar para ayudar a la circulación.
“Mi hijo me chinea mucho y mi novio también es maravilloso; él se encarga de la mañana, se levanta, me hace el desayuno y me pica fruta. Me siento muy chineada. Ya no vivo en Puriscal; vivo en Ciudad Colón desde hace unos tres años; entonces, es diferente”.
—¿Cómo ha sido la noticia en el canal?
—Siempre están muy atentos mis jefes, me han cuidado mucho. Siempre están anuentes por si tengo una cita o si de pronto un día no me siento tan bien y puedo hacer teletrabajo. También me han bajado un poco la carga de estar saliendo tanto. Ahí lo vamos distribuyendo.
“He tenido más antojos de dulces, pero tengo que bajarle porque no quiero que me dé una diabetes gestacional... sí he comido mucho mangos. La he pasado bastante bien. El bebé está bien, todavía no sabemos qué género es ni cuándo nos vamos a dar cuenta, pero todo ha fluido bastante bien hasta el momento, gracias a Dios”.
